6. Repensar la democracia
Salto cualitativo de las democracias.

La pacificación del mundo requiere la articulación de sistemas políticos atentos y receptivos a los derechos civiles y políticos. Sin libertad ni equidad, no hay paz posible. El sistema democrático, a pesar de sus debilidades históricas, parece ser el sistema político que puede garantizar estos derechos, pero sólo si es capaz de realizar un salto cualitativo.

Hay temas pendientes en la revisión de la democracia que requieren romper con inercias poco saludables que llevan a seguir considerando las dinámicas y mecanismos actuales como los únicos posibles. No afrontar ciertas cuestiones redunda en la crisis de legitimidad que parece ir mermando la valoración de la democracia. Dentro de esas cuestiones, cabe plantearse los niveles de democracia y transparencia internos en los partidos políticos, principales agentes políticos en lo estructural administrativo. Igualmente es preciso reflexionar sobre el papel, los mecanismos y las interacciones de instituciones como el Parlamento y el Senado, así como el diálogo entre los distintos agentes sociopolíticos.

Aún a sabiendas de que no conviene realizar cambios continuamente en la legislación, la articulación de un estado democrático tampoco puede estancarse, especialmente en aquello relativo a una democracia de mayor calidad. El tema de la representación está pendiente de revisión tanto en asuntos del estilo de las listas abiertas, como en el aumento de vías de interacción de los ciudadanos con respecto del desarrollo de las legislaturas. Atender nuevos formatos participativos puede incidir en bien de romper con el proceso de desafección política que se detecta en ciertos sectores de la ciudadanía.

Las democracias al uso reconocen el derecho a pensar, a expresarse y a agruparse libremente. Sin embargo, distan mucho de la realización efectiva del derecho de cada grupo a vivir de acuerdo a lo que piensa, siempre que sea en un marco de respeto mutuo a las distintas formas de vida. Dentro de las democracias, hay minorías castigadas de por vida a no poder contrastar en la práctica sus propias propuestas de vida buena. Ése es un germen de conflicto social y una dificultad para la cooperación dentro de los sistemas.

Ante la demanda de más o mejor democracia, cabe considerar efectivamente la posibilidad de una democracia marco donde concretar distintas propuestas políticas sincrónicas, ya que resulta difícil asumir que exista una única forma de vida deseable y conveniente para todo ser humano y en cualquier contexto. Además, más allá de su ineludible aspecto procedimental, la democracia tiene una dimensión sustantiva como forma de vida que no puede ser soslayada y que contiene uno de sus grandes valores: el de la ciudadanía como agente político responsable y corresponsable.

¿Es viable la consideración de una democracia marco, con una administración de carácter coordinador que permita la realización de diversos modelos al tiempo?

¿Cuáles son las áreas más propicias para potenciar la experimentación política en aras a la diversificación de propuestas que pueden convivir al tiempo?

¿Quién o quiénes son los responsables de alentar el diseño de una «democracia en libertad»? ¿Qué aspectos han de ser considerados?

¿Cómo potenciar y concretar la ciudadanía democrática en aras a una verdadera corresponsabilidad política?

¿Cuáles serían las bases comunes a demandar de un grupo para que pudiera desarrollar su propuesta de vida conjunta en un marco de democracia en libertad?