5. Medios de comunicación, tecnologías y paz.

Los medios de comunicación, tanto los que aún siguen siendo llamados “de masas” como los medios personales, han adquirido un protagonismo de primer orden en la sociedad global. Unos y otros interactúan de manera nunca antes vista. No sólo los periodistas y agencias profesionales, sino también individuos de cualquier lugar del planeta informan de lo que acaece en todos los rincones. En conjunto construyen una visión de la realidad y un horizonte simbólico. Todo este panorama comunicativo es el filtro a través del cual leemos e interpretamos los conflictos vigentes y las posibles vías para la paz en las diversas regiones del mundo. El nuevo periodismo ciudadano, espontáneo y diversificado, es fruto del avance tecnológico, pero también de una mayor madurez de la sociedad civil. La libertad de expresión es clave en esta participación creciente, reclamada y ejercida también en países donde no parecía posible alzar la voz.

De todo ello surge la necesidad de reflexionar sobre el uso y manejo esos medios, sobre su decisiva contribución para generar una participación nunca antes vista, para difundir información en tiempo real, para generar auténticas reacciones en cadena. Es enorme su potencial para pacificar el mundo, intervenir activamente en procesos de diálogo y extender una cultura de paz, o por el contrario, obstaculizarla.

La veracidad al informar exige con frecuencia denunciar situaciones de injusticia, de abuso de poder, etc. y conlleva la difusión de lo que podría llamarse “malas noticias”. Este es un elemento del ejercicio periodístico serio, pero no basta quedarse simplemente en el reporte de lo que no funciona. Se puede complementar con el de las “buenas prácticas” o soluciones exitosas, y con opinión y análisis, con propuestas y vías de salida.
Hay que señalar que la simple superposición de datos no significa información, y el bombardeo mediático puede ser contraproducente para la comprensión de los procesos. Es necesario para todos nosotros jerarquizar, seleccionar y analizar la información para comprenderla, yendo más allá de las primeras impresiones y del impacto emocional al que los medios recurren cada vez más.

El periodismo profesional tiene en este contexto una responsabilidad muy importante a la hora de informar, no sólo por la necesaria veracidad de sus datos, sino también por la utilización del lenguaje, ya que éste puede vehicular fácilmente prejuicios y resentimientos. El periodismo, creador de cultura, debe esforzarse en evitar la estigmatización y el uso de estereotipos, reconociendo la dignidad de cada persona y respetando las minorías.  Un modo eficaz para trabajar por la paz es favorecer la libertad de las personas ofreciéndoles los datos necesarios para formarse una opinión; difundir información que motive a la comprensión mutua, evidenciando los motivos de las partes en conflicto a través de una contextualización de los hechos. Las noticias positivas también pueden formar parte de la agenda de los medios y ser así promotores de paz. 

Corresponde especialmente a las Facultades de comunicación y periodismo, pero también a las asociaciones gremiales y las de usuarios, una reflexión sobre el quehacer profesional e individual de los comunicadores, que incluya un análisis ético de sus acciones informativas. Así se evitará caer en la frivolidad y la superficialidad de una información considerada solamente como mercancía.

¿Cómo pueden contribuir los medios de comunicación en la construcción de una cultura de paz? ¿Qué papel están jugando las redes sociales, los bloggs y los micro-bloggs en la organización de reivindicaciones ciudadanas? ¿Cómo contribuyen los mensajes mediáticos a construir una memoria colectiva en las comunidades? ¿Es posible exigir a los medios un código de conducta que evite la difusión de prejuicios, estereotipos y resentimientos?¿Es posible pensar en la información más allá de su valor económico?