2. HACIA LAS IDENTIDADES POROSAS.
Identidad, nacionalismos, multiculturalidad, religiones.

La identidad nacional, cultural o religiosa, es uno de los temas más acuciantes del siglo XXI. El cómo se concibe una identidad no es neutro y es causa de muchos conflictos que afectan a la convivencia.  El reto es encontrar fundamentos sólidos para la construcción de la identidad, sin que sean argumento de separación o enfrentamiento.

A menudo pensamos que nos hubiera gustado empezar a existir en otro país, pero esto es un absurdo, porque o somos de donde somos, o no seríamos. Este lugar es mi única posibilidad de existir, por tanto no existe mérito alguno en ser de un lugar u otro. Una cosa  tenemos todos en común: nadie pudo escoger dónde quería nacer ni cuál sería su nacionalidad. Esto lo han decidido otras personas por nosotros, nuestros progenitores: con sus acciones y decisiones, son los causantes de que seamos de uno u otro país. Nosotros nos encontramos siendo catalanes, castellanos, bolivianos o chinos.
Existir es el bien más preferencial y desde esta realidad puedo expresar otras preferencias, hasta incluso las divergencias y las diferencias. Apreciar al máximo el hecho de existir es el valor transversal sobre el que podríamos fundamentar nuestra identidad, desde donde podríamos ponernos de acuerdo, por encima de culturas, creencias u otras realidades.

Si el existir es la relación básica, original y primera y las otras vinculaciones (consanguinidad, ciudadanía, etnia, civilización, religión, etc.) son sectoriales ¿Cómo contribuye esta igualdad radical en la existencia en la construcción de las diversas identidades?

La legítima defensa de las identidades no debe ser jamás un argumento a favor de la guerra. ¿Cómo definir la identidad sin sucumbir al exclusivismo o al etnocentrismo? ¿Cómo conjugar la defensa de las identidades y simultáneamente reconocer los elementos que unen a las identidades más allá de sus rasgos específicos?